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8/11/12

Himnos de paz en guerra, por Vicente Molina Foix

Intriga y estimula leer estas líneas: “Seduzco a una mujer con la herida del pecho, con la herida de la pierna. La atraigo con el dedo roto hacia la cama”. Las palabras proceden de un poema titulado Frialdad,  y están en el recién aparecido libro de Abbas BeydounUn minuto de retraso sobre lo real (Vaso Roto, Madrid/México, 2012). ¿Y quién es Abbas Beydoun? Yo no le conocía hasta que hace unos días llegó a mis manos este bellísimo libro de prosas poéticas, traducido del árabe con su habitual calidad por Luz Gómez García, quien, en una larga trayectoria, ha hecho conocer en España a uno de los grandes poetas del siglo XX, el palestino Mahmud Darwix, fallecido en 2008. Beydoun, libanés de Tiro, nacido en 1945, es además periodista y novelista, y recogió en libros anteriores sus conversaciones con Darwish y su propia experiencia carcelaria tras la invasión israelí de su país. Vaso Roto anuncia nuevas publicaciones poéticas suyas.
Recuerdo de mi único viaje a Líbano, hace casi tres años, la impresión de sus mujeres, jóvenes y maduras, con o sin velo, fumando en los cafés del centro no solo cigarrillos sino la tradicional pipa de agua o narguile, en una muestra de libertad, al menos gestual, difícil, cuando no suicida, en otros países árabes. Seguía viva la reminiscencia de la guerra civil acabada en 1990, y visibles las cicatrices de los bombardeos israelíes en la operación Lluvia de Verano de 2006, pero al atardecer, la capital, Beirut, aún con los tanques del ejército en muchas esquinas, se llenaba de un plácido y jovial discurrir de gentes muy similares a nosotros no solo en rasgos físicos sino en la ansiosa búsqueda de una felicidad tan a menudo esquiva. ¿O es que vamos a creer que en Líbano y en Túnez, en la franja de Gaza, en el Egipto de las revoluciones, y hasta en la martirizada Siria, no hay lugar para que alguien, sobreviviendo a la tragedia y al dolor, tenga un pensamiento lírico, un arrebato erótico, una salida humorística, y los ponga por escrito?
Darwish fue el prototipo de ese poeta nunca abrumado por la historia, que tanto pesa en sus versos, pero no el único. Días antes de leer al libanés Beydoun, conocí en las jornadas poéticas de Cosmopoética, en Córdoba, al egipcio Ahmed al-Shahawi, a punto de volver a las incertidumbres políticas de su país. No sin antes dar a conocer sus versos de Nadie piensa en mi nombre, editados el año pasado en Costa Rica, y donde leemos en su brillante poema Imágenes celestiales: “En la niñez, / me criaron los gusanos de seda. / A los cuarenta / -a pesar de la profecía-, / aún no he salido de la crisálida” (la traducción en este caso es de Mohamed Abuelata). Solo entenderemos el calibre de lo que sucede, no todo positivo, en los bullentes países del Oriente Próximo cuando también leamos a sus muy notables escritores, entre los que cuento desde hoy a Abbas Beydoun, quien en el primer libro de los tres que componen Un minuto de retraso sobre lo real traza sus experiencias, algunas muy divertidas, en Alemania, convoca con sentido a Brecht, a Günter Grass, a Kiefer, a Stockhausen, y a la vez no pierde la memoria histórica de la gravedad, como en el poema de la última parte que gira en torno a un paquete bomba encontrado en una zona de su ciudad: “El paquete también desapareció, quizá en nuestras cabezas, igual que en nosotros una guerra tras otra ha dejado bombas sin estallar”.


Tiempo, 2/11/12

24/1/11

El concierto de Stockhausen

Stockhausen es un ángel electrónico, con las manos recorre volando la corta distancia hasta la mesa, la corta distancia hasta la silla con un libro negro bajo el brazo, y tú te dices que no necesita lámpara y que puede volar con una sola ala. Te dices que ésos se tropiezan con algo al caminar y al volar. Que se chocan con algo al hablar si no pita sin sentido su garganta. Stockhausen vuela con los pies, casi impedidos, pero se eleva lo suficiente para que veamos que no necesita una campana y que puede volar con una sola ala.

Como no es un pájaro, si no logra cantar sin instrumento no importa. Más terrible es el ángel que no grita en el poema de Rilke. Hablamos así de ángeles que no vuelan y no cantan y que yacen quizá con las piernas cortadas en la nave de una iglesia. Hay sin duda una voz futura del crimen y el arrepentimiento, tenemos que viajar fuera del tiempo para escuchar la voz terrible y mortal del amor humano.

Stockhausen mueve sus series por el suelo de la iglesia. Son hormigas electrónicas pero salen de la cripta latina sostenida por trompetas adelfas. Se mueven despacio pero lo oímos todo cuando las voces voladoras resbalan por los muros del tiempo o tropiezan con las tumbas latinas. Una tortura que no sabemos dónde ocurre, quizá son árboles desnudos fustigados de nuevo de noche.

Traducción de Luz Gómez García